

Riesgos y enfermedades frecuentes
El cuidado de la salud visual suele asociarse con factores como el uso de pantallas, la lectura prolongada o la edad. Sin embargo, las condiciones ambientales también influyen de manera significativa en el bienestar de los ojos.
En particular, el calor y las altas temperaturas pueden afectar la superficie ocular y la calidad de la visión.
Durante las temporadas de calor, muchas personas experimentan molestias que van desde una irritación leve hasta problemas más complejos que interfieren con actividades cotidianas. Comprender cómo el calor impacta la vista es fundamental para prevenir complicaciones y mantener una buena salud ocular.
Factores como la exposición prolongada al sol, la sequedad ambiental y otros elementos propios del clima cálido pueden alterar el equilibrio natural del ojo y provocar diversas afecciones.
Sin lágrimas
Uno de los principales efectos del calor sobre los ojos está relacionado con la evaporación de la lágrima, explicó el maestro Aarón Bautista Delgado, jefe de la carrera de Optometría de la FES Iztacala.
La lágrima no solo mantiene los ojos húmedos, sino que también cumple funciones esenciales: actúa como barrera protectora frente a polvo, microorganismos y partículas, aporta oxígeno y nutrientes a las estructuras oculares superficiales, y permite una lubricación adecuada que evita la fricción entre los párpados y la superficie ocular.
Cuando la temperatura ambiental es elevada, la lágrima se evapora más rápido, dejando la superficie del ojo menos protegida y más vulnerable a irritaciones. Esto favorece el desarrollo o agravamiento del ojo seco, una de las afecciones más comunes en temporadas de calor.
La vulnerabilidad de la córnea
La escasez de lágrimas no solo provoca ojo seco, sino que también afecta directamente a la córnea, la capa transparente que permite enfocar la luz. Bautista Delgado explicó que la evaporación constante de la lágrima puede causar desepitelización, un deterioro de las células superficiales de la córnea, generando síntomas como:
Sensibilidad excesiva a la luz (fotofobia)
Irritación o sensación de cuerpo extraño
Lagrimeo constante
Enrojecimiento ocular
Dolor en casos severos
Aunque el epitelio corneal tiene gran capacidad de regeneración, la exposición prolongada al calor y la sequedad ambiental puede dificultar su recuperación, haciendo que las molestias se vuelvan recurrentes.
Inflamación de las glándulas del párpado
El calor también afecta a las glándulas de Meibomio, responsables de producir la capa grasa de la lágrima que evita su evaporación excesiva. El calor, el sudor y ciertas condiciones externas pueden favorecer la obstrucción de estas glándulas, provocando meibomitis, con síntomas como:
Inflamación del borde del párpado
Irritación ocular
Alteración en la calidad de la lágrima
Mayor evaporación lagrimal
Si la obstrucción persiste, puede derivar en infecciones localizadas como orzuelo o chalazión, pequeñas protuberancias dolorosas en el párpado.
Otros problemas oculares frecuentes
El ambiente caluroso suele ser más seco y cargado de partículas como polvo o polen. Cuando la lágrima es insuficiente, estas partículas no se eliminan correctamente, favoreciendo enfermedades como conjuntivitis, queratitis o reacciones alérgicas oculares.
El sudor, aunque no es la causa principal de problemas, puede generar ardor y alterar el pH de la superficie ocular, afectando el microbiota natural del ojo y provocando irritaciones leves o infecciones.
Radiación solar y daño ocular
La exposición prolongada al sol también representa un riesgo importante para la salud visual debido a la radiación ultravioleta, comentó el jefe de la carrera de Optometría de la FES Iztacala. Dentro del ojo, explicó, existe una estructura llamada cristalino, cuya función principal es enfocar la luz que entra al ojo. Además, el cristalino actúa como un filtro natural que absorbe parte de la radiación ultravioleta.
Sin embargo, cuando la exposición al sol es intensa y constante, este sistema de protección puede no ser suficiente. Con el tiempo, la radiación ultravioleta puede contribuir al desarrollo de la catarata, una condición en la que el cristalino pierde transparencia y la visión se vuelve borrosa. La catarata es una de las principales causas de pérdida visual en el mundo, aunque se considera una forma de ceguera reversible porque puede tratarse mediante cirugía.
Las personas que trabajan durante largos periodos bajo el sol, como agricultores o trabajadores de campo, pueden tener un mayor riesgo de desarrollar este problema a una edad más temprana.
Cómo cuidar nuestros ojos
Proteger los ojos frente al calor y al sol requiere atención en hábitos diarios y el uso de lentes adecuados. Bautista Delgado recomendó:
Usar lentes de sol con protección UV certificada, no solo plástico oscuro o tintado.
Complementar con gorra o sombrero para reducir la exposición directa.
Mantener higiene ocular y evitar maquillaje o cremas que obstruyan las glándulas del párpado.
En caso de ojo seco, conjuntivitis o alergias, utilizar lubricantes o colirios prescritos por especialistas.
Prevención y cuidados esenciales
El calor y la exposición solar representan riesgos importantes para la salud visual, desde la evaporación lagrimal hasta daños en la córnea y cataratas. Adoptar medidas preventivas, como lentes con protección UV, gorra, lubricantes y buena higiene ocular, es esencial para mantener una visión saludable. La supervisión profesional periódica asegura un cuidado integral y previene complicaciones a largo plazo.
Fuente: https://unamglobal.unam.mx/global_revista/como-afecta-calor-ojos-ojo-seco-cataratas-proteccion-uv-unam/
